domingo

Marc Ferro, "El Conflicto del Islam"


"En su primera intervención pública, en septiembre de 2001, Ayman Zawahari, uno de los líderes de la Yihad Islámica, rememora la humillación de la que el Islam fue víctima, una tragedia ´que no se debería repetir: la expulsión de los árabes de España´ en 1492. Por contra, evoca la gloriosa batalla de Jerusalén cuando Saladino expulsa a los cristianos del reino que habían constituido en Palestina -doble alusión, con toda evidencia, a la existencia del estado de Israel y a su fin anunciado en tierra del islam.

Así, la adhesión a una cierta figura del islam, el rechazo de la ´mancha´que supone la presencia de ´extranjeros´sobre el suelo de su patria -se trata de nuevo de la existencia de Israel y la estancia de tropas americanas en Arabia Saudí desde la Guerra del Golfo-, son los comentarios emitidos por aquellos a quienes se imputa por los actos criminales del 11 de septiembre de 2001" (Pág. 26).

"El segundo traumatismo, tras la colonización y las luchas de los países del islam por su liberación, es lo que los árabes han llamado el ´desastre´, al Nakba. No es tanto la formación del estado de Israel sino la derrota que sufrieron Egipto y los países árabes coaligados, infligida por las fuerzas de un país minúsculo (1948). Hoy se sabe que antes de la invasión se hicieron propuestas a Ben Gurion y que él las rechazó. El rey Faruk de Egipto había pedido la cesión de Gaza como precio del reconocimiento de Israel; el rey Abdalah un corredor para unir Jordania al mar; el coronel Zaim, en Siria, un desplazamiento de la frontera hasta la mitad del mar de Galilea, así como el establecimiento de 300.000 palestinos refugiados en Siria. A la vista dee lo exiguo del territorio reconocido por la ONU -14.000 km2 en 1947 en comparación con los 30.500 de Bélgica y con los 11.500 asignados al Estado árabe-, Ben Gurion rechazó estas propuestas y sobrevino la guerra (Aví Schlaim).

La coalición de Egipto, Siria, Jordania, Irak y Líbano fue vencida y esta derrota se percibió no solo como una pérdida material, sino como ´una derrota moral y una pérdida de confianza de los árabes en sus gobiernos (...), pero más grave fue todavía la duda en su propia capacidad para formar una nación (umma).

(...) Nasser siempre se había manifestado en contra de la declaración de Balfour que había previsto, en 1917, crear un enclave judío en Palestina y desde 1947 solo soñaba con intervenir contra Israel.

La derrota sufrida por Nasser en la Guerra de los Seis Días en 1967 reabrió y agrandó la herida. Después de que Israel informase al Consejo de Seguridad de que su ejército reaccionaría a las provocaciones sirias que partían del Golán, Nasser envió a 100.000 hombres a la Península del Sinaí para relevar a los cascos azules instalados allí desde 1956.

Anunció la clausura del golfo de Ákaba y aceptó que las tropas jordanas se pusieran bajo mando egipcio. Doble casus belli, pues: los israelíes atacaron a la coalición, la derrotaron y las fuerzas armadas judías llegaron a las puertas de Damasco tras haber ocupado el Golán. Israel se apoderó igualmente de Jerusalén este, del Sinaí y de Cisjordania.

La ONU reaccionó pronto y, mediante la resolución 242, exigió la evacuación por parte de Israel de los territorios ocupados. Peo quedaba claro que los estados árabes coaligados no supieron organizar esa circunstancia y salieron de ella profundamente humillados. De esta derrota iba a nacer la idea de que había que intentar triunfar, pero de una forma diferente a la guerra convencional: por el terrorismo -idea que los palestinos iban a poner en práctica. Era la manera de continuar la lucha contra Israel.

Con el viaje de Sadat a Jerusalén, la devolución a Egipto de los territorios ocupados por Israel (tras los acuerdos de Camp David de 1978), la revolución islámica en Irán (1979), la guerra Irán - Irak (1980 - 1988) y, simultáneamente, la guerra en el Líbano y el control de este país por Siria e Israel, el movimiento nacional palestino se desgarra. El cambio esencial es que se ha exportado allí la revolución islámica - como en el Líbano-, pero que, frente a esta expansión del chiísmo, la Arabia Saudí, sunnita, interviene contribuyendo a islamizar el movimiento nacional palestino mediante su ayuda a Hamas, desde entonces rival de la OLP y en competencia con la yihad islámica de obediencia jomeinista.

Es con ocasión de la intifada, en 1987, cuando se manifiesta con claridad la rivalidad entre estos movimientos. Este levantamiento de los jóvenes palestinos (...) pasa a ser uno más de los combates mantenidos en nombre del islam.

Esta sacralización de los combates no es, por lo demás, exclusiva de Palestina. En Chechenia igualmente el combate nacional contra los rusdos también se ha islamizado. En sus leyendas, producto de la islamización por parte de los ulemas locales, los chechenos se consideran descendientes de Alí, pero también de Noé -lo que les emparenta con Palestina-, mito que volvemos a encontrar de nuevo entre los bereberes, que se creen hijos de Canaán. (...).

Este mito del origen palestino tiene una consecuencia muy precisa: relacionar Jerusalén con el Islam, declarando que ahí se encuenttra la cuna de las tres religiones: el judaísmo, el cristianismo y el islam -aunque el islam nació en Arabia, entre La Meca y Medina, y a Jerusalén ni se la menciona en el Corán.
Este mito tiene como función oponer, en lo que concierne a Palestina, otra legitimidad propia, diferente a la del cristianismo y a la de Israel." (Págs 35 - 38).


EL CONFLICTO DEL ISLAM

Marc Ferro

Ediciones Cátedra, 2004

239 páginas

Título original: "Le choc de l´Islam. XVIII-XXIe siècle"

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1 comentario:

desbarreitor dijo...

Los jóvenes fundamentalistas de hoy cantan "el islam es la solución".

En Palestina actualmente el desempleo entre los jóvenes de entre 18 a 20 años se sitúa cerca del 30% lo que convierte a esta zona en una bomba de relojería política.

Para una generación joven y empobrecida de musulmanes, zarandeada por un mundo aparentemente indiferente a su destino, el sencillo mensaje de los fundamentalistas es simplemente, "encantador": el acceso inmediato a un mundo en el que se les restaura la dignidad, se les otorga sentido a su vida y se les ofrece una "causa justa"..

No hay nada que hacer, Occidente con sus democracias de "chicha y nabo" hace tiempo que está perdido.
No podemos luchar contra la FE.